Implicancias educativas entre padres y profesores.

Posted on 26 septiembre, 2011

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Implicancias educativas entre padres y profesores.

Esta frase la asienten educadores, padres y los profesionales que trabajan con personas con síndrome de Down porque saben que es cierta, pero no en todos los casos propende a que las familias y su entorno hagan posible que la vida cotidiana de sus hijos e hijas con síndrome de Down se desarrolle con comportamientos que manifiesten ámbitos de autonomía personal (Candel, 2007). Este aspecto es fundamental para que las familias se encuentren para reflexionar de manera conjunta compartiendo las diferentes vivencias que han experimentado, a fin de desempeñar un rol activo que promueva en el amplio sentido de la palabra el desarrollo de sus hijos(as) con síndrome de Down. En definitiva, esta es la misión de cada familia y, por supuesto también de los educadores, propender al desarrollo.

La importancia de propensión al desarrollo se debe a que la educación escolar, por medio de la comunidad educativa, el educador y como estos implican a los padres y familias en los procesos educativos, son los principales precursores del desarrollo, esto es, siempre y cuando den importancia y propicien la actividad mental constructiva del estudiante, pero el proceso de escolarización o la acción pedagógica no solo se remite al estimular el desarrollo de los procesos cognitivos de los estudiantes en un estado puro, sino que es responsable de que se haga una persona autónoma, única e irrepetible capaz de afectar el contexto social en donde se desenvuelve (Coll et al., 2007). Esta es una verdad ineludible, pero para propiciar la actividad mental constructiva y permitir al estudiante ser el responsable de su autonomía y autenticidad es necesario que existan mediadores, es decir, personas (familias, educadores, profesionales, etc.), objetos, herramientas, entre otros, que propicien el desarrollo del estudiante al hacer más fácil una conducta determinada. Estos mediadores se convierten en herramientas de la mente cuando los estudiantes las incorporan a su actividad y, al igual que otras herramientas culturales, los mediadores aparecen primero en la actividad compartida y luego el estudiante se apropia de ellos.

El acompañamiento por parte del mundo que circunda a las personas con discapacidad con el respectivo desarrollo que implica se puede traducir de la siguiente manera: “acompañar el desarrollo cognitivo, afectivo, sexual y social de los hijos, en definitiva, su desarrollo personal”. De este significado se desprenden al menos dos ideas importantes, la primera tiene relación con que no ayudamos a crecer a otra persona si hacemos siempre las cosas por ella, las familias y educadores ayudamos a crecer, cuando posibilitamos que haga las cosas por ella misma, aun prescindiendo de nosotros. La segunda idea se refiere a la autonomía personal es un proceso que va de menos a más y como todo proceso hay que entenderlo en una dimensión temporal, es decir, de desarrollo. Lo importante de todo proceso es que es dinámico y cambia y que sólo tiene dos movimientos: se desarrolla y crece o se deteriora y disminuye. No olvidemos que si se queda quieto el proceso de crecimiento de los hijos e hijas, siempre se deteriora el desarrollo personal (Troncoso,1992).

Por todo lo anteriormente descrito, resulta imprescindible una acción complementaria entre la familia y la escuela para el adecuado progreso educativo de los niños con síndrome de Down, aunque no siempre haya acuerdo entre ambas partes en cuanto a las responsabilidades que ha de asumir cada uno y los límites de sus funciones respectivas (Vived, 2002). Es precisa una relación franca, positiva y constructiva y una coordinación plena entre el profesorado y la familia. En el fondo, padres y profesores están “condenados a entenderse” y buscar vías para alcanzar ese entendimiento que ha de convertirse en un fin fundamental del trabajo conjunto. Esta relación en un clima de cordialidad y colaboración no siempre se manifiesta, es importante resaltar que las merma en la participación por parte de los padres en el proceso de enseñanza aprendizaje de sus hijos es consecuencia, en algunos casos, del desanimo y cansancio, otro factor tiene relación con el desinterés y la poco comunicación que se establece entre la institución y la familia (Vived).

La relación de colaboración que se describía anteriormente se debe entender como una dinámica interactiva, en donde los padres actúan como colaboradores de los profesores y estos últimos como colaboradores de los padres, entendiendo que de esta manera se construye el logro de los objetivos educativos trazados, logros que no solo tienen relación con lo académico, sino también con la realización, independencia y autonomía en la vida.

Los padres de los niños con síndrome de Down, si bien es cierto que no son profesionales de la educación, han de intentar desarrollar su labor educativa con una visión técnica y especializada, pues la discapacidad de su hijo requiere intervenciones específicas. Deberán aprovechar las situaciones naturales que brinda el hogar en el día a día y utilizarlas, siempre que puedan, con un enfoque educativo. No obstante, no han de convertir la convivencia diaria en una “escuela permanente”, en la que toda interacción tenga un fin didáctico. El empeño en los logros académicos ha impedido en muchos casos asomarse al interior de las personas y ha dejado en segundo plano la atención hacia aspectos emocionales, afectivos y psicológicos, que en último término son los fundamentales (Flórez, 2007). La familia se tiene que adaptarse al ritmo de su hijo en cada momento, respetando sus intereses y valorando su estado emocional, sin sobrecargas cuando no cumpla las expectativas que para él se plantean y con el máximo respeto y aceptación de sus características individuales.

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